6 jun. 2012

Garúa


Que noche llena de astío, y de frío.
El viento trae un extraño y recurrente lamento. Parece que se llenó de sombras la tarde, la  luz electrica que brillaba, cada vez mas en su filamento que arde, y sobre la calle, la hilera de focos, lustraba el asfalto, por donde iban mis pasos, acompañado por mi recurrente lamento.
Y así, putiando para adentro, no tuvo mejor gracia la desdicha, que sumarle al viento frío de otoño, gotas heladas de una fina garúa, púas que me golpeaban la frente y junto al liquido que bajaba por mi pelo, imponía lagrimas a mi rostro inexpresivo.
En esa noche tan mía, pensaba en mi aventura inconcluso, en ese deseo fusilado, por tan solo un teléfono que sonó sin que atendieran, y la calle, la noche viniendo, los bolsillos donde se moja un billete y las manos vacias, parapetandose entre mi ropa, del viento garuante en aquella noche tan mía.
Volvía a mi casa caminando indiferente,mirando de a ratos la vereda vacía,pensando en silencio, indiferente al paso de los autos, siempre solo, siempre aparte, un detalle del paisaje.
 
Así me iba inundando por dentro, olvidando donde estaba el final del cabo, que pretendía atar, al comienzo de la coherencia. Vaya causa perdida, cada esfuerzo mas me sumergía y envidié profundamente a quienes pueden poner su mente en blanco, con tan solo un blanco deseo, pero yo, meditando sobre la necesidad de olvidarla, solamente lograba recordarla aún mas.
Y me fuí Yendo, como un duende que en la sombra, mas la busca mas la nombra. Garúa, tristeza, compañera  de los que van a buscar y no encuentran.

El último Dodo

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