
Los hermanos Schoklender, gozan de una capacidad bastante envidiable para todo personaje descompuesto que polula por ahí: aguantar el chubasco. Tanto Pablo S. como Sergio S. (resulta molesto escribir una y otra vez el cacofónico apellido) pasaron por primera vez a la fama, luego del asesinato de sus padres. Quizás no se recuerda, sumado a que muchos de los que hacemos y leemos este blog no habíamos nacido para aquel entonces, pero así fue y así lo relata hoy infalible la wikipedia.
Los asesinatos, que en su momento fueron un escandalete, quedaron poco a poco en el olvido. El aguante de los muchachos, su estoica resistencia, los llevo luego de purgar sus culpas, a rehacer sus vidas. Hay que admitirlo: bastante bastante bien. La libertad, la colaboración con las madres y el proyecto nacional; y finalmente, la fortuna.
Son un verdadero ejemplo, de que no todo tropezón es una caída. Que envidia, para tantos estafadores, asesinos y golpistas que la suerte les jugó una mala pasada y terminaron mal de alguna manera. Son pocos realmente los que pagan igual sus culpas, pero hay alguno que otro que se lo toma por botón de muestra y se come algún que otro año de prisión domiciliaria.
El nuevo escándalo, aspiran muchos, pasará. No ahora, ya que estamos entrando en la primera etapa de acontecimientos: sorpresa de sus aliados, adoptar la posición de hacerse el boludo, utilización de sus enemigos, conspiración contra el presidente de los opositores, denuncia del presidente por esta conspiración de los opositores, y finalmente el lavado de cara de muchos iguales no descubiertos. Pero pasará, como bien dice la canción de Serrat, es a lo que aspiran.
Salpica igual, y mucho. Hebe ya se puso a tirar lastre y el gobierno a montarle un cerco sanitario. Pese a su agudo ingenio y larga experiencia, fue torpemente engañada según ella. Raro. Pero quién se atreve a criticar aspectos “morales” de las madres, quién se atreve a criticar su integración y apoyo incondicional al régimen K con las derechadas incluidas (ni siquiera es que ella reivindica “lo bueno”), quién se atreve a criticar que el grupo de Hebe tomaba cada vez mas la forma de una empresa, que hasta unos trabajadores por Matanza cortaron calles porque se los superexplotaba hace casi un año. Nosotros no, no nos atrevemos a hacer estas críticas; no tanto por ser acusados por los K de vocero de la derecha, sino porque para miles de luchadores las madres son una referencia loable.
Habrá que esperar y ver; aprovecharemos seguramente para renovar nuestras denuncias a lo putrefacto del sistema y su decadencia. Hebe terminò con una buena reflexiòn en la nota de hoy del Página12 sin embargo, con una explicación sociológica pero válida: “Ellos se criaron en una clase que no tiene nada que ver con la nuestra y a la larga les volvió a agarrar la de ser empresarios. No les importó a costa de qué. Nosotras somos de otra clase social, no pensamos igual. No pensamos en ser una empresa”. Que no decaiga Hebe.
Por lo pronto, y para cortar el tono escéptico y de denuncia pura de este multitudinario blog, destacamos un ejemplo que va en contra de todo esto. Alejandro Morelli, trabajador de PepsiCo-Snacks, despedido en 2006 por luchar y recientemente reincorporado a la fábrica tras años de lucha, es un extraño caso de un trabajador, que en vez de aceptar 270.000 pesos de indemnización (no es la guita de los Schoklender, pero no es poca cosa) decidió aguantar y volver con sus compañeros. Son pequeños casos, pero muy significativos. En un mundo donde todo tiene precio, donde todo se compra, que un obrero rechace la guita significa que algo puede estar cambiando. Quizás es de clase, como dice Hebe.
F.N.



